Al Estilo de Calisto y Melibea

Carta de despedida

Padre , mediante esta carta, yo  Melibea, te explico la causa de mi suicidio. Me enamoré de un apuesto hombre llamado Calisto. Yo le amaba tanto como él a mí.

Todos los días venía a verme y para poder entrar al castillo, subía y bajaba por las escaleras del huerto. Pero desgraciadamente el amor de mi vida cayó por ella y murió ante mis ojos.

Siento mucho no haberlo dicho antes y pienso que todo esto es culpa mía. No puedo vivir sin él y menos aun con esta culpabilidad, entonces, hoy a las 00:00 me tiraré desde lo alto de la torre para poder estar con Calisto todos los días de mi vida.

Pd: Te quiero padre, espero que algún día puedas perdonarme, lo siento

                     Melibea













Queridos padre y madre:

No tengo motivo alguno para vivir. Mi queridísimo e idolatrado Calisto ha muerto. Y yo sin él muero de amor. Hace ya tiempo que Calisto y servidora nos conocimos, comenzamos a vernos y cada día le amaba más. Esta pasada noche viniese según era acordado, a la vuelta de su venida, como de fortuna era escaso, los muros altos, la noche oscura, la escala endeble y las prisas eran muchas, cayose al vacío y falleciese al instante. Aunque en él pudiera parecer que solamente quería hallar mi cuerpo, yo sé con certeza que me amaba. Por eso, según me enteré de su muerte, mi corazón salióse del pecho, mi gloria, mi esperanza, mi alegría murióse con él.
Perdónenme padres por no contarles mi aventura, pero temía que, aunque era adinerado, no os pareciese el hombre adecuado para mí y lo mandaríais matar.

No lloren por mí, ni se sientan culpables, pues yo reunida con él soy feliz. Con mi muerte tendrán menos preocupaciones, podrán vivir holgadamente. Lo único que les pido que hagan por mí sea que no me olviden.

Les quiere: Melibea


Nerea Rubio    3ºB

 





Amado padre:

Os dedico a vos mis últimas letras. A vos, el hombre que me crió y me hizo convertirme en la persona que fui.

Melibea fui, Melibea seré, para vos por siempre. La dura realidad golpeó mi vida, me miró a los ojos y no pude responderla de otro modo. Mi amado Calisto, desplomado murió por su buen hacer, ¿Oh señor, cuanto tormento surgió en mí! Durante horas sufrí, por verle morir. Vos sabéis lo que es perder el corazón ¿Qué debiera haber hecho? Sentí como lentamente moría, como mi corazón dejaba lentamente de latir. ¿Oh amarga vida! ¿oh dulce renacer! Junto a él volveré a vivir. Padre lamento profundamente la tristeza que os hago padecer, no encontraréis consuelo, sentiréis como el dolor os invade por dentro. No fue mía culpa, no culpéis a Calisto. ¿Por qué la desdicha golpea con tal ímpetu? Sé que no seréis capaz de entenderme , ni aun perdonarme, pero padre recordad siempre que por amor he vivido y por amor muero. 
Vuestra siempre:
Melibea


                                                                                                      Laura Pérez 3º ESO